Castle Combe-Bath

Bath

Desayunamos, ligeramente, en el pequeño departamento de Oxford e iniciamos el viaje hacia Bath. El alojamiento reservado (que ya les diremos por qué no lo recomendamos de ninguna manera) tenía check-in a partir de las 16 horas. Por esa razón, preferimos ir a conocer un nuevo lugar que quedara cerca del camino.

Después de tanto evaluar los distintos pueblos de la campiña inglesa, (todos parecían tener los suyo) escogimos conocer el mágico Castle Combe situado en el borde sur de los Cotswolds y a 110 kilómetros de Oxford. Y la verdad que no nos arrepentimos. GPS de ruta en el celular (habíamos comprado dos chips con internet prepago) tomamos la vía indicada para llegar al pueblo.

El viaje era una belleza en sí mismo, la ruta se volvía cada vez más angosta y más llena de árboles que parecían formar una cúpula como techo. Todo era espectacular, valía la pena ir.

Cuando se llega a Castle Combe uno deja el auto por ahí, por donde puede y comienza a caminar por ese rincón del planeta que parece haberse quedado en el tiempo, o aparenta que el tiempo ha frenado en él. Tranquilo y bello, no existen espacios parecidos a este pueblo encantador.

Castle Combe
Castle Combe

Paseamos por sus estrechas callejuelas rodeadas de casas de piedras, por su austera capilla que convive junto a un pequeño cementerio de lápidas. Cruzamos por su famoso puente, que puede percibirse en muchas fotos de la Web, típica postal de Castle Combe. Silencioso y en consonancia, comimos algo por ahí al finalizar nuestra visita. Nos subimos al auto y continuamos camino hacia nuestro destino, que se encuentra a poco más de 20 kilómetros de este pueblo tan cautivador.

Bath está ubicada a dos horas y media de Londres (algunos realizan la excursión directamente desde la capital). La ciudad fue un complejo termal en la época de los romanos y ha sido reconocida como Patrimonio de la Humanidad en el año 1987.

Son esos lugares que nosotros decimos que respiran historia y permiten transportarse indefectiblemente en el tiempo. Además es pintoresco y está muy bien mantenido.

En cuanto al hotel, nos alojamos en la cadena Hilton y, sinceramente, no nos gustó ni un poco. Tienen un check-in muy tarde para nuestro gusto (16 horas) y cuando llegamos, la habitación no estaba lista, ya que no nos habían entregado la cuna. Nosotros siempre reservamos la cuna con antelación así podemos disponer de la misma, sin problemas, desde que llegamos. En este caso no estaba lista ni a las 4 de la tarde pero tampoco a las 7 de la tarde, cuando regresamos de pasear. A su vez, se nos inundó el baño porque la ducha estaba torcida.

Inevitablemente, tenemos que decir que el precio de la habitación no lo vale en relación a la calidad del hotel y no parece ser de la cadena Hilton. Lo único positivo para destacar es que está muy bien ubicado, ya que se encuentra en pleno centro turístico. Tampoco posee parking y eso lo hace un tanto incómodo.

En cuanto a las principales atracciones, todas ellas pueden hacerse andando. Así, al menos, lo hicimos nosotros porque una vez que dejamos el auto en el parking no lo volvimos a sacar hasta que no fuimos de Bath.

En primer lugar se encuentran los Baños Termales romanos, que es una visita obligatoria. Sacamos las entradas directamente allí porque nos sabíamos a qué hora llegaríamos a la ciudad y, la verdad, todo fue bastante rápido y expeditivo. Habíamos leído que aconsejaban comprar los tickets online, pero no nos pareció que hiciera falta.

Fuimos alrededor de las 16 horas, un rato antes del cierre, y tuvimos prioridad para ingresar ya que íbamos con niños. En las Termas hay que dejar el carro de bebé en la entrada, no está permitido ingresar con el mismo pero por suerte a los pequeños les gustó mucho el paseo e iban caminando por el lugar.

La audio guía cuenta la historia del recinto y explica paso a paso el recorrido. Es una linda experiencia aunque el precio de la entrada está cerca de las 18 libras esterlinas. En este caso, los niños también ingresaron gratis.

Baños Termales-Bath
Baños Termales-Bath

Otra cosa para hacer en Bath es conocer la imponente Abadía que se encuentra a metros de los baños termales; caminar por sus calles con capa en mano; cruzar el puente Pulteney (y sacarse fotos en él); y llegar al Circus en donde pueden sacarse bonitas selfies. También hay museos como el The Jane Austen Center y el Sally Lunn’s History a los cuales no tuvimos el agrado de visitar.

Por primera y, me anticipo a decir, única vez usamos el cobertor de lluvia. Una nube pasajera nos dejó algunas pocas gotas de lluvia y ante la duda, cubrimos a ambos niños ya que iban juntos en el mismo carro. Fue una cuestión de minutos nada más. La verdad es que nos fuimos preparados para los días grises y lluviosos de Inglaterra, pero tuvimos mucha suerte con el clima y solo nos tocaron dos lluvias de noche.

A pesar de estar un poco nublado, ese día Bath tenía un color peculiar. Se disputaban un encuentro de rugby el equipo de la ciudad contra el Gloucester (equipo en el que había un jugador argentino que nos escuchó hablar y se nos acercó. Ese partido hizo que Bath se colmara de gente que iba a disfrutar del espectáculo. Se vivía una verdadera fiesta y las personas iban cantando y arengando a sus respectivos equipos por las calles.

Luego de conocer la ciudad, y cuando comenzaba a caer la tarde, decidimos regresar al hotel, en donde nos bañamos, tratamos de solucionar los conflictos que habíamos tenido con la cuna y el baño y bajamos a cenar al restaurante del hotel.

Al día siguiente dejábamos el Hilton para irnos a un lugar que nos generaba bastante emoción y expectativa…

 

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