Costa Blanca

En primer lugar queremos dar las gracias a los amigos de “Viajando con hijos” por permitirnos escribir sobre nuestra experiencia viajando con nuestra pequeña Alma.

Y ahora vienen las presentaciones, somos Luis, Esther y Alma una familia con muchas ganas de recorrer juntos el mundo. Somos de Yecla una pequeña ciudad de la Región de Murcia en España y en este post os queremos contar nuestra experiencia viajando con nuestra hija por la Costa Blanca.

Para alojarnos elegimos quedarnos en El Albir, un pequeño pueblo muy cerca de Benidorm pero mucho más tranquilo, ya que nuestra intención era visitar algunos de los pueblitos que bordean la costa. Si os gusta andar podéis visitar el faro del Albir y disfrutar de las preciosas vistas que ofrece el paseo.

Nuestra primera parada fue en Altea, un precioso pueblo donde el tiempo parece haberse detenido, calles empedradas, fachadas blancas y buganvillas por todos lados hacen del casco antiguo de este pueblo un lugar perfecto para ir a pasar una mañana o una tarde. Si vais a visitarla con peques os recomendamos dejar el carrito en el alojamiento por la multitud de escaleras que hay.

La siguiente parada del viaje fue a la preciosa ciudad de Calpe, su casco antiguo es de los que hay que visitar con calma, donde es recomendable dejar el mapa a un lado y perderse. Si lo que te gusta es la aventura puedes hacer el trekking que te lleva a la cima del peñón de Ifach (si no eres tan intrépido pero quieres buenas vistas puedes hacer el trekking hasta el primer tramo, después la subida se complica).

En la zona de la playa puedes visitar los famosos “baños de la reina”, un antiguo yacimiento arqueológico formado por piscinas de piedras naturales donde podrás darte un baño.

Y si lo que te gusta son los deportes acuáticos también puedes practicarlos en Calpe, nosotros hicimos  allí nuestro bautismo de buceo, la zona no tiene especial interés pero la experiencia resulto muy muy chula!

Además si os gusta comer en la zona del puerto hay varios restaurantes donde puedes comer una deliciosa mariscada acompañada de una rica paella a un precio estupendo, no te quedes con la primera que te ofrezcan, pregunta en todas y quédate con la que más te guste, aunque pueda parecer un mareo te aseguro que merece la pena.

La ruta continuo en la bonita Javea, un precioso pueblo con un estilo completamente diferente a lo que ya habíamos visto en Altea y en Calpe, pero sin duda lo que más nos gustó fueron sus preciosas calas, ya habíamos visto alguna en otras ocasiones pero en este viaje solo nos dio tiempo a visitar la “Cala del Portixol”, y nos encantó, una calita pequeña, de cantos rodados blancos, bordeada de casitas de pescadores blancas con sus puertas azules. Dicen que esta es una de las mejores calas de la zona para hacer snorkel, aunque no pudimos comprobarlo ya que aunque fuimos en Junio el tiempo no nos acompañó.

El último día de nuestro viaje nos acercamos a visitar la Iglesia Ortodoxa Rusa de San Miguel, se encuentra en la carretera nacional entre Altea y Calpe en la urbanización Altea Hills. Esta preciosa Iglesia es la única de este tipo en España,  está construida en madera y todos los materiales fueron traídos desde Rusia, si estas por la zona bien merece la pena una visita.

Para concluir nuestro viaje hicimos una parada en Villajoyosa, “La villa” como es conocida, un precioso pueblo de la Marina baja,  su  casco antiguo con casitas de colores nos encanto, aunque no tiene nada que destacar es un placer dar un paseo mientras aprovechas para hacer fotos.

Y si eres amante del chocolate te encantara saber que en Villajoyosa se encuentra la fabrica de chocolates “Valor” y que es posible visitarla, existen pases gratuitos en diferentes horarios durante todo el día, para ver los horarios puedes consultar  su pagina web donde lo explican, pero si no no tienes tiempo o no quieres visitar la fabrica tambien puedes ir directamente a la tienda, para ello accede a través del parking situado delante de la fabrica, el vigilante os dará un pase de visitante que tendréis que devolver al finalizar la visita a la tienda.

Y hasta aquí nuestra escapada a la Costa Blanca, nos quedaron algunos pueblos y muchos rincones por recorrer, así que estamos seguros que volveremos. Esperamos que os haya gustado este post!!

Buzios

Hola! Somos @viajandoconninos_ y nos encantó la idea de contarles alguna de nuestras experiencias, compartiéndola a través del blog del @viajandoconhijos.

La primera vez que íbamos a viajar en avión con Cata teníamos varios miedos: al dolor de oídos, a las turbulencias, a bancarse estar encerrada en un mismo espacio por varias horas, etc, etc, etc.

La idea final era viajar a Europa con ella ya de dos años, pero queríamos hacer una prueba piloto para que la primera experiencia no fueran por lo menos 13 horas de vuelo sin saber más o menos cómo podría reaccionar.

Así que pusimos en marcha los preparativos para nuestro viaje a Buzios, Brasil, allá por el 2017.

Lo primero que hicimos fue pedirle a la pediatra de Cata recomendaciones o cuidados que teníamos que tener, y todo lo que nos dijo funcionó: el avión hace el mismo efecto que la amortiguación del auto, los duerme! Al momento del despegue y el aterrizaje, denle mamadera o chupete (o teta si aún toman) ya que necesitan la succión para evitar el dolor de oídos

Lo segundo fue comprar un cochecito de los llamados paragüitas. Cuando empezamos la búsqueda, encontramos el ideal para nosotros: el GB Pock It.

Lo que tiene de positivo es que se pliega tanto que además de ser súper liviano, cabe en la cabina del avión, por lo que no es necesario despacharlo. Encontrábamos en eso una dificultad ya que podría demorar en salir el equipaje, extraviarse, tener una escala o mucho recorrido hasta llegar a las cintas.

Además, se puede guardar en una mochila así que era ideal para llegar a la playa caminando, guardarlo y tirarnos a tomar sol.

Como papás primerizos, armamos un mega botiquín con todo lo que pudiésemos llegar a necesitar y revisamos el tema vacunas. Es importante conocer cuáles se precisan en el lugar de destino.

Con todo cubierto, tomamos nuestro primer vuelo los tres juntos y fue súper fácil de llevar. El tema estuvo cuando después de esas horitas de viaje aún faltaban 3 más en micro!

Habíamos solicitado al transfer que nos iría a buscar a Río de Janeiro que nos dieran en el micro una butaca para ella, pero por un error no la hubo, así que tuvo que viajar a upa nuestro.

La primera parte del viaje la pasamos sin problemas. A la mitad del recorrido, hicimos una parada para ir al baño y almorzar los que quisieran. Preocupados porque salimos muy temprano en la mañana y ya habían pasado varias horas sin que Cata tomara más que leche, le insistimos para almorzar, tanto que subimos con el postre al micro para que lo comiera todo. ERROR!!! A los pocos minutos, ya sin sueño por todo lo que había dormido en el avión y en lo que iba de recorrido en ruta, empezó a pasar de upa de uno a upa del otro, sin dejar de moverse. El combo comida abundante + rutas con muchas curvas + la manera de manejar del chofer dio un resultado que no queríamos. Después de vomitar(nos), la cambiamos como pudimos en el micro y a los pocos minutos oootraa vez.

Por suerte sólo quedó en anécdota y aprendizaje para los próximos viajes por tierra.

Elegimos un hotel que tenía un club de playa, con servicio de sombrillas, toallas, vestuarios, restaurant y hasta un espacio con juegos para los más chiquitos, en la playa João Fernandes.

Todo muy lindo pero hay que correr atrás de una nena que ya camina y quiere experimentar con todo lo que encuentra jajaja

Cómo no era temporada alta, la playa estaba prácticamente para nosotros solos, no había un  calor que no te dejaba respirar así que pudimos disfrutar de unos días hermosos en Buzios, con siestitas a la sombra incluidas.

Después del episodio del micro, nosotros nos animamos a ir hasta Arraial do Cabo en barco (quedará para la próxima porque dicen que es espectacular!!!), pero sí recorrimos algunas playas a pie y fuimos a otra en un remis.

Por las noches, si no nos ganaba el cansancio, paseábamos por el pintoresco centro de la ciudad, con sus calles de piedra.

Al ser un destino familiar, Buzios es un muy buen lugar para ir con chicos y disfrutar de unas vacaciones relajadas en la playa.

Gracias por leer nuestra experiencia y anímense a viajar en familia!

Agradecemos a Yanina de @viajandoconninos_ contarnos su experiencia de viaje a Buzios.

Viajar en crucero con niños

Hola! Soy Dara Rubio: arquitecta, madre de familia y entusiasta viajera desde que tengo memoria. Vivo en Lima – Perú, y llevo el blog @uncuentovolando, álbum virtual donde escribo, reflexiono, y comparto lo que más me inspira.

El año pasado salimos de crucero por primera vez y la experiencia fue reveladora. Aquí se las cuento.

LA IDEA DE UN CRUCERO

Primero precisar que nunca se había presentado una oportunidad real -tampoco la había buscado- pues veía los cruceros como un tipo de viaje con una dinámica totalmente diferente a la usual y además muy lejana; Lima dista mucho de ser una ciudad portuaria altamente transitada como son, por ejemplo, Barcelona o Miami.  Me daba curiosidad, pero también sabía vagamente de qué se trataba y no era precisamente el tipo de viaje que me llamara la atención.

Me preparé mentalmente para la experiencia (bah – pensé-, no puede ser tan malo, finalmente es un paseo) y ya culminada me ha permitido desmenuzarla y trasladarla a un par de apuntes interesantes, como:

  • Se asocia mucho la idea de crucero con glamour y lujos, pero no es necesariamente así. De entrada, lo primero que debes saber es que hay dos variables que dependerán directamente de la compañía, modelo del barco y duración del viaje que tomes: instalaciones y comida. La calidad de éstas es proporcional a la duración del viaje. Si tienes esto claro creo que es más fácil enfrentarse a la dinámica de la que –necesariamente- serás parte los siguientes 3, 5,9 o 15 días.
  • Ir en crucero tiene –ahora lo sé- muchos beneficios, pero la verdad es que dependerán de que tan comprometido estés tu a tomarlos. Ahora veo que es un tipo de viaje que para sacarle real provecho requiere mucha atención y una actitud muy activa.

Dicho esto, hice una lista (amo las listas ;)) de las cosas buenas y los retos que se me presentaron al ser, en la práctica, una modalidad totalmente nueva y desconocida. Si nunca has ido de crucero y piensas que puede/no puede gustarte, tal vez esto te ayude:

COSAS BUENAS

Visitas varios sitios en un solo trayecto. Si. Digamos que es un buen medio para llegar a lugares que de otra manera serían muy difíciles de acceder o requerirían mayor planificación y dinero. En general hablamos de islas y fiordos: lugares donde sólo entran barcos o varios puntos cercanos con una gran masa de agua en común.

-Es una buena alternativa de paseo para familias –diría yo- de 5 o más miembros, sobre todo si hay mucha diferencia de edad entre ellos. En nuestro caso éramos 4 adultos, dos de ellos mayores (60+) y una niña pequeña. Esto porque la respuesta ante variables como clima/calor, cansancio, hambre y entretenimiento suelen ser muy diferentes, y el barco está preparado para todos los casos.

Llegas a hablar con tus acompañantes. En los barcos no hay internet, y si compras el servicio la señal suele ser muy, muy mala. La consecuencia directa es que, al estar en un espacio confinado (inmenso, pero confinado al fin) no queda de otra más que hablar con las personas con las que fuiste. Suena gracioso pero en estos tiempos de constante distracción tecnológica un espacio así es un regalo. Las sobremesas son larguísimas –no hay apuros-, las conversaciones más profundas. Es realmente un espacio para compartir.

👉EL PLUS: Dormir en el mismo cuarto con mi hermana después de 10 años fue como regresar en el tiempo (pero mejor, claro! 🌟).

-Es un espacio para pensar. Te obliga a hacer una pausa, resetear. El viaje se convierte en un estado de reflexión, pues estás, literalmente, en una burbuja metálica por unos días.

-El mar abierto. Sentirse en la mitad de la nada resultó ser una experiencia única y ciertamente la más especial.

LOS RETOS

Lo más difícil para mí tuvo que ver con el concepto “tiempo” y el hecho de que hay que estar muy pendiente del reloj en cada momento. Sin embargo encontré soluciones y aquí van:

-Seguir una estructura fija. Eso de ser un alma libre a la hora de viajar choca como un tren cuando tienes que seguir instrucciones y horarios 24/7. Así que si pensabas que un crucero era puro glamour y habría un hermoso moreno abanicándote con una hoja de palma mientras comías exquisiteces, pues no.  Cada cosa tiene su hora; las comidas son ilimitadas en el buffet, sí, pero a ciertas horas. Si te perdiste el momento por contemplar el cielo azul, solo habrá comida rápida y (¡lo siento!) bastante mala.

Que hacer:

Familiarizarse cuanto antes con la dinámica y los espacios del barco. Saber dónde están los restaurantes, los horarios que manejan y las opciones que ofrecen. Me hubiera servido mucho saber estos datos el primer día, cuando me perdí entre los interminables pasillos y con un hambre mortal tuve que esperar al siguiente turno.

[TIP: Lleva algo de comer y ropa para cambiarte en el equipaje de mano. Las maletas te las dejan en la puerta del cuarto pero pueden demorarse varias horas.]

-Conocer muy poco. Las paradas en cada puerto son relativamente cortas, con lo cual las visitas suelen ser muy superficiales. Esto sumado a que el barco llega a un entorno producido especialmente para el turista: tiendas de suvenires, restaurantes o bares al paso, personajes disfrazados para ganarse unas monedas, etc. La consecuencia de esto es que finalmente se “visitan” sitios que terminan no siendo reales y los precios suelen ser muy elevados.

Que hacer:

“Hacer la tarea”, que no es otra cosa que investigar previo al viaje. Saber de antemano cuales son los puntos a los que se quisiera ir en cada destino, cómo es el sistema de transporte y, cuánto cuesta trasladarse en cada lugar si fuera necesario. También sirve el ser extra eficiente y aprovechar al máximo el tiempo fuera del barco. Muchas veces implica levantarse muy temprano para poder desembarcar rápido y preparar un itinerario práctico en cada destino. Empacar ligero. Llevar dinero para eventualidades.

-Asumir que durante los días que dure la travesía perderás casi por completo lo que yo más valoro a la hora de viajar: la libertad de decidir. Claro que hay personas que consideran éste el ideal de vacaciones, sin embargo yo no estoy tan segura de que un crucero garantice descanso y otras virtudes sin tener un grado de compromiso que puede resultar siendo, paradójicamente, agotador.

Que hacer:

Relajarse. Saber ceder. Tomar lo bueno.

El sistema de un crucero está diseñado para un turismo rápido y una alta rotación de gente, con lo cual lo más sabio es, antes de partir, hacerse la idea de que convivirás con muchísimas personas, harás largas colas y te perderás en el barco, pero que también tendrás momentos muy bonitos en familia. Finalmente, es una experiencia más, y esas son siempre bienvenidas!

Ahora, en el caso concreto de MI crucero:

Punto de partida: MIAMI / Duración: 3 días

Primera parada: KEY WEST

Tiempo de visita: 5 horas.

Llegando a las 7 am al puerto no tuvimos de otra más que “madrugar” (entre comillas porque yo por mi hija “madrugo” todos los días, pero coordinar con más personas a veces es un poco difícil).

Caminamos con mucho calor por la avenida principal hasta llegar al “Southernmost Point”, tratamos de tomarnos una foto (muchísima gente), y lo siguiente fue entrar a un restaurante a tomar algo e inmediatamente pisar la playa y meternos al mar (es aquí donde los intereses de cada persona varían, algunos prefieren ir de compras, otros tomar una cerveza… si hay sol, calor y playa, yo no lo pienso más).

Estuvimos un rato y luego regresar caminando por donde vinimos (para no perdernos), un poco apuradas por la hora, hasta embarcar nuevamente.

Key West es una ciudad muy bonita y pintoresca, tiene una arquitectura muy sencilla pero también algunos palacetes que me hicieron recordar mucho a La Habana y, a pesar de ser relativamente reciente, tiene mucha historia. Valdría la pena entrar a algunas de las casas emblemáticas y museos, disfrutar los bares y la loca y bohemia vida nocturna. Ahora, estoy segura de que la playa a la que fuimos es la más fea de Key West, pero no dio tiempo para más. ¡Volveremos Hemingway!

Segunda parada: COZUMEL

Tiempo de visita: 8 horas.

Llegar al medio día a este puerto nos dio tiempo para organizarnos un poco mejor, sin embargo yo estaba tensa porque a pesar de haber investigado no sabía bien cómo proceder.  El puerto está diseñado para que el turista desembarque y tenga una “experiencia mexicana” en pocos metros cuadrados: tiendas, bares, tequila, shows callejeros… hasta el mismísimo Quetzalcoatl te ofrecía foto por billetes. Claramente no era lo que tenía en mente (hui lo más rápido que pude), así que lo que hice fue acercarme al módulo de información al turista y explicarle mi caso a la amable señorita para que me recomiende algún lugar para estar tranquila con mi hermana y mi hija de 2 años.

Los taxis están todos registrados y los precios (bastante altos) regulados de acuerdo al destino, entonces no fue difícil encontrar uno que nos lleve a un restaurante en la playa para pasar las horas. Confieso que el hecho de hablar el idioma y venir de un país en el que todo se negocia (y donde hay que tener siempre cuidado, lamentablemente) me dio confianza para esta pequeña “excursión”. Además, la ayuda de mi hermana en temas logísticos con mi hija fue fundamental. Probablemente si estos dos aspectos hubieran sido distintos hubiera paseado un poco por el puerto y luego regresado al barco sin profundizar en la experiencia.

Cozumel es una isla del caribe mexicano famosísima por ser uno de los mejores destinos para practicar snorkel y admirar la naturaleza en estado puro. Lo increíble (y doloroso en cierta forma) es cómo una de las caras de la isla (a donde llega el barco, evidentemente) se ha diseñado y acomodado para absorber al turista, dejándole poca o nula opción de salirse del circuito. La costa es maravillosa pero está atiborrada de restaurantes con música, chiringuitos, sombrillas, lanchas, jet-skies, juegos de agua y personajes que intentan vendértelo todo.  Bastante agobiante. Hay playas lindas al otro lado también, pero las carreteras son malas e inhóspitas y por ende, mucho menos transitadas y probables para un turista de crucero.

DIA EN ALTAMAR

 El tercer día transcurrió en altamar y la verdad que fue un alivio para mí, ya que no había que pensar en horas de salida y regreso. Fue aquí que sencillamente disfrutamos de estar juntos y compartir.

Viajar en crucero ha sido, de todas formas, interesante. ¿Lo volvería a hacer? Depende.

Así que si después de leer todo esto todavía tienes dudas, creo que la pregunta sobre la mesa es:

¿Cuál es el objetivo del viaje? Ahí sabrás la respuesta.

Gracias chicos de @viajandoconhijos por el espacio para compartir esta experiencia, espero sea útil para otras familias. ¡Nos vemos en @uncuentovolando!

 

Agradecemos a Dara Rubio de “Un cuento volando”por contarnos su experiencia de viajar en crucero con niños.

Vivir en un lugar de vacaciones: Tandil – Buenos Aires por Vanesa y Enzo

Los recuerdos de la infancia, son quizá, de los más emocionales de todos. Y los que suceden en los viajes o vacaciones, de los mas destacados. Entrevistando a un artista hace unos años, nos decía que cada ser humano recuerda con uno o varios sentidos. Hay quienes recuerdan con los olores, con la vista y otros con los sonidos. Todo se impregna en la memoria.

Es por esto que si recordamos unas vacaciones en la playa, quizá nos vengan imágenes a la cabeza o bien el olor a la sal al ser revolcados por una ola.

Somos “Mi Familia Es Viajera”. Somos Vanesa y Enzo, Mora, Lola y Luna, y te vamos contar como es vivir de vacaciones.

Mi nombre es Enzo Solazzi y el recuerdo de viaje que mas se me viene a la cabeza, es en un pequeño pueblo de Uruguay llamado Playa Verde. Muy cerca de Piriapolis. Era niño, pero aun recuerdo que las vacaciones allí, eran las calles de tierras y los bosques de pinos que te llevaban a la playa y la tranquilidad de poder caminar libre, sin temerle a nada. Pero cada vez que recuerdo esos hermosos días, lo primero que se me viene a la memoria, es el olor a los eucaliptos. Podemos decir que el “ideal” de mi lugar feliz, tenían esos componentes.

Cada vez que nos vamos de viaje, es recurrente pensar: “que hermoso lugar”, “que bien que vive la gente acá”, “me quedaría”. A lo largo de los años me di cuenta que eso, es solo una utopia de ver el lugar de viaje, como un “ideal” de lo que nos gustaría vivir a diario. Es común decir: “¡conocí a un flaco que dejó todo y se fue a vender jugos a un playa en Brasil!” ¿no?.

Estoy seguro que todos estos recuerdos, calaron en mi inconsciente, y al momento de decidir mudarnos para buscar otra forma de vida, deben haber trabajado para que suceda en un lugar que contenga todos estos recuerdos.

Es así como un día, queriendo escapar de la Gran Ciudad, llegamos a Tandil. Una ciudad no muy lejos de Buenos Aires de alrededor de 120.000 habitantes. Apenas llegamos, recuerdo que nos deslumbró con sus paisajes y tranquilidad. Al segundo día, ya teníamos claro que era EL LUGAR donde deberíamos vivir.

Buscando casas para alquilar, nos llevaron a un barrio un poco alejado del centro, en la base del cerro. Ese recorrido, lo recuerdo como si fuera hoy: había calles de tierra, olor a eucaliptos y bosques de pinos. Aun no había aprendido que la casualidad no existe, pero poco a poco iba a saber que todo es producto de la CAUSALIDAD.

Tandil, es una Ciudad donde la gente va a relajarse, divertirse, comer y estar en familia.

En poco tiempo, nos encontramos recibiendo amigos y familiares que venían a eso. Y permanentemente escuchábamos elogios sobre el hermoso lugar donde vivimos.

Entonces me comenzó a pasar algo mágico. Aún sentía que era un turista. Sobretodo porque estaba en un lugar donde nadie me conocía. Era un perfecto desconocido por la sociedad. Eso me divertía mucho. La dicotomía de sentirme un turista, pero sabiendo que ya era parte permanente de un Ciudad.

De repente, todos nos decían que se quedarían a vivir ahí, tal cual como muchas veces había dicho yo. Quizá lo había pensado yo también, en aquellos bosques de Playa Verde.

Tenemos la fortuna que nuestra actividad, nos permite trabajar en nuestra casa, en nuestro barrio al pie del cerro, caminar en ojotas las calles tierra, disfrutando de la tranquilidad y los sonidos de la naturaleza, con un bosque a 2 cuadras, con olor a pinos y eucaliptos.

Siento que siempre quise vivir de vacaciones, y Tandil, es una ciudad donde la gente viene a vivir del viaje y del tiempo libre. Y nosotros, vivimos ahí.

Tandil con niños

Soy Vane, quería contarles que Tandil, más allá de ser una ciudad relativamente pequeña, tiene una gran oferta turística y muy variada: turismo aventura, deportivo, religioso, gastronómico, cultural…además me resulta un lugar muy cómodo y atractivo para recorrer con chicos.

Todas las estaciones del año son buenas para visitarla. El otoño brinda una gama de colores preciosos en los paisajes naturales. Yo evitaría invierno, pero para quienes aman el frío, acá estarán a gusto! Los hoteles, cabañas y casas en alquiler, están muy preparados para ofrecer una estadía cálida. Y si vienen con niños, en vacaciones invernales hay mucha actividad artística, y de gran calidad, para realizar en familia: teatro, títeres, cine, exposiciones y más.

Es ideal para conectarse con la naturaleza. Los cerros habitados de multitud de piedras de diversos tamaños, son el lugar perfecto para alimentar la imaginación y creatividad nata de los niños. Las caminatas, escaladas, los mates contemplando la ciudad. Hay muchos senderos con diferentes niveles de dificultades que ofrecen la posibilidad de ir con niños muy pequeños a más grandes; por lo tanto todos tienen oportunidad de vivir la experiencias en las bosques y sierras tandilenses. Hermosos parques con diversos atractivos tanto naturales como con juegos y aerosillas. Hay un laberinto hecho de arbustos que es uno de los paseos preferidos  de los chicos; además se encuentra emplazado en el recorrido de uno de los circuitos turísticos emblemáticos de la ciudad: El Lago del Dique. Allí no sólo hay mucho verde para disfrutar, sino también juegos, artesanos, y ese lago donde además de practicar kayac o dar un vuelta en bote a pedal; podemos contemplar un chorro de agua que se levanta desde el lago e hipnotiza con el arco iris que forma bajo la luz del sol.

Otro parque que les atrae mucho a los más pequeños, es el Parque del Origen, que cuenta con varias esculturas enormes de Dinosaurios.

La oferta gastronómica también es mucha y muy buena. Hay pocos lugares adaptados con espacios para que los chicos jueguen; pero de a poco van apareciendo más. Es una ciudad muy preparada con ofertas Sin Tacc; así que salir a comer no es un problema si sos celíaco, seguro encontrás en la carta algún menú apto.

Si llegaran a tocarles días de lluvia, aunque no haya centro comerciales grandes, hay cines, museo de bellas artes, teatros, bowling, espacios con juegos electrónicos, y casas de té donde una merienda allí es paso obligado. Como también es obligado visitar La Cascada después que pase la lluvia; ya que ofrece un hermoso paseo, con el caudal de agua cayendo entre las piedras. Con chicos muy pequeños quizás no puedan subir a la cima, pero hasta donde puedan llegar va a ser muy lindo presenciar ese paisaje.

Recomiendo visitar Tandil! Seguramente se enamoren, como nos pasó a nosotros vinimos por primera vez.

En este link que les comparto podrán ver  lo que es vivir la infancia en Tandil. Un video que realizamos (con  nuestra productora audiovisual) con mucho amor para homenajear a la ciudad en sus 195 años: https://vimeo.com/262962940

Agradecemos a Vanesa y Enzo de “Mi Familia es Viajera” por contarnos su experiencia de vivir en un destino turístico.

De Argentina a Japón por Alejandro y Silvina

Los amigos de Viajando con Hijos nos invitaron a escribir un posteo para su página, y nos pareció una excelente idea.

Quiénes somos?

Hola, somos Alejandro & Silvina (@ojosmarroncomun) y tenemos wanderlust. La llegada de Maitena y Chloé no nos sanó… así que sólo nos queda viajar con ellas (y con Gaspar, que ya viene en camino).

No tenemos todas las respuestas ni las buscamos, pero sí, se puede viajar en familia.

De Argentina hasta Japón

El (primer?) viaje de 2018 es fruto de un viejo anhelo, conocer Japón matizando el esfuerzo del viaje con unos días en Hawaii a la vuelta, liquidando así del mapa dos puntos altos de la lista Must visit en un mismo trip. Aquí vamos a contarles un poco de la ida y de Tokyo.

American Airlines saca (al menos) una vez por año una promo que permite conocer ambos destinos a un precio disparatado… poco menos de US$ 1.000 por adulto. La contra es que no suelen aparecer en momentos del año en los que uno anda pensando en sus próximas vacaciones; al menos Octubre no lo era.

Pero ya saben, cuando es de a 4 la cosa, incluso esa promo terminaría siendo un presupuesto difícil de alcanzar. Así que la balanza puso en consideración que Chloé aún no tenía 2 años y Maitena seguía pagando un poco menos… No se hable más!

El plus? Los precios bajos arrancaban en Marzo y para fines de ése mes comienza la primavera en el hemisferio norte. En Japón eso sólo significa una cosa: Sakura, o la floración de cerezos. El espectáculo más visto y esperado por los japoneses mismos y todos los turistas que visitan la isla.

Esto sí fue inesperado. Por lo general los precios bajos van seguidos de temporada baja. Sin embargo acá eso no sucedía. Mucho no íbamos a preguntar.

Obviamente la duración del viaje daba miedo, 31hs en total, con dos tramos (BUE-DFW 11hs y DFW-NRT 13hs) y una escala de 6hs en Dallas. Pero sólo recordar que para llegar a Frankfurt el año pasado tardamos 30hs se nos pasó rápido el miedo, y sacamos los aéreos.

De ahí en más, lo de siempre. Definir itinerario, buscar hospedajes y liquidar movilidad (sí, somos muy “obses” con la organización, es la calve para abaratar costos lo más posible)… después a descubrir!

EL VIAJE A JAPÓN

26 de Marzo de 2018

Qué comiencen los juegos del entretenimiento.Una vez más en Ezeiza, 17hs, con tiempo de sobra para hacer todos los trámites. Y así cómo así se nos vino encima el recuerdo que decidimos borrar cuando sacamos por American… las familias con niños no tienen prioridad. Así que a hacer la larga fila, aceptar asientos asignados al azar, y encima súmenle azafatas mayormente disgustadas con la ruta-castigo que se les asignó. Sí, sabemos de fuentes internas que la tripulación de abordo no suele ser muy amiga de las rutas a BUE.

Ningún problema! Estamos de vacaciones y, salvo que nos sobrevendieran nuestros pasajes (lo que nos desarticulaba todo el circuito ya reservado) o se cancelara el vuelo, no nos íbamos a deprimir o enojar.

BUENOS AIRES A DALLAS

La ventaja de salir por la noche es que no te rompe la rutina de dormir a la hora que hay que dormir.

Sumado al estrés del día, el cansancio era indisimulable. Nos dieron la cena y planchamos los 4, casi hasta que nos ofrecieron el desayuno poco antes del aterrizaje. Resumen: un parpadeo. El primer tramo del eterno viaje se nos pasaba volando. La única observación fue el vómito de las peques en el aterrizaje, que por suerte van aprendiendo a avisar y usar las bolsitas que te da el avión.

LA ESPERA

Casi 7hs separaban nuestro arribo a Dallas del despegue a Tokyo. Sin embargo, sabíamos que las vueltas de los aeropuertos americanos no nos iban a dejar disfrutar (?) del todo la espera.

Obviamente, la portación de barba se paga… y esta vez me lo confirmó uno del aeropuerto: “It’s the beard, sir” (“Es la barba, señor“). Tras la pasada por las máquinas automáticas, lo usual: las chicas, ok, la barba, cruz. Y al carrusel del chequeo personalizado.

La espera continuó, porque superado ése obstáculo, en American no podían imprimirnos los boarding pass (tampoco pudieron en EZE), dado que el vuelo era de código compartido con Japan Airlines. Y acá viene el detalle, porque para sorpresa nuestra nos ligamos un viaje con una sorprendente aerolínea.

Lo malo es que sólo hacen 2 vuelos diarios y no había nadie en el counter de ellos; eran las 7am. Al recibirnos (9am) estaban medio dormidos y se mezclaron con el pasaje de la Choli. Media hora con ellos hasta que se dieron cuenta que era Infante y no tenía asiento… en fin, lo único mejorable para decir de JAL (Japan AirLine), el resto 10pts.

DE DALLAS A TOKYO

Pocos minutos después del despegue, la amansadora nos había pegado a todos y, sin querer queriendo, estábamos los 4 desmayados una vez más.

A las 2hs nos despertó el almuerzo. Jugamos un poco y las chicas volvieron a dormirse y todo. Pudimos hasta ver alguna película (esto antes no pasaba). Como era el tramo largo (casi 14hs), sabíamos no iba a durar todo el camino, pero lo aprovechamos. Maitena, más activa, supo jugar y mirar varias cosas en la pantallita del asiento. Chloé, desmayada casi todo el viaje, como si se desconectara.

Respecto de la aerolínea, JAL debe ser una de las que tiene la clase Económica más espaciosa de las que hemos viajado. El avión, impoluto, parecía nuevo. El servicio, excelente. Personal de abordo muy atento y preocupado constantemente por el bienestar de las niñas; les regalaron un avión de peluche y otro para armar, además de darle a Chloé siempre una bandeja de comida (que no le correspondía).

Las últimas 5hs, las chicas durmieron todo, hubo que despertarlas para bajar del avión. Ya en suelo nippon, activaron, y a pesar de toparnos con la valija nueva rota, eso no nos desanimó. Bus hasta Tokyo Station y de ahí al departamento alquilado por AIRBNB en Ginza… y al sobre todo mundo, más bien!

TOKYO / AKIHABARA, UENO, GINZA

29 de Marzo de 2018

Jetlag? Si, jetlag. 5am todo el mundo arriba. Desayuno y a patear…

Lo primero que hicimos fue caminar a Tokyo Station para validar nuestros JR Pass (pases de tren por todo Japón), que también sirven para subte y buses en algunos lugares. Carísimos (US$420 para 14 días) pero el tema auto acá en Japón es realmente inviable. No sólo por la practicidad del entramado ferroviario -un lujo, realmente, y super accesible con cochecito- sino por el costo de la nafta, peajes y estacionamiento… una locura! Y además, no olvidemos que hasta los 6 años viajan gratis, otro motivo para hacer éste viaje ahora.

AKIHABARA

El barrio de la electrónica tenía que ser nuestra primera parada. Necesitábamos dar de baja nuestra vieja cámara y comprar una Instax para Maitena, ya que le habíamos armado una especie de álbum con imágenes de lugares que ella debía fotografiar y pegar. Qué mejor lugar para este tipo de compra que Japón.

Peeeeero, como era muy temprano y los locales no abrían hasta las 10am (habrá que volver más tarde a verlo brillar), paramos en una placita simpática de la zona a jugar un poco.

Luego en BicCamera liquidaríamos el tema en cuestión a muy buen precio y hasta con un Google Home de regalo. El Duty Free, a diferencia de otros lugares, en Japón no te cobran, directamente, el tax para luego reclamarlo en el aeropuerto, así que es una gran ventaja saber que no habrá nada de tramiterío al respecto el día del retorno.

UENO

Siguiendo con la línea Yamanote (tren de circunvalación de Tokyo) dos estaciones más arriba, visitamos el famoso Parque Ueno.

En todo su esplendor con los cerezos en flor, y su zoológico, museo, pagoda de cinco pisos, lago y más, también quedará para una segunda pasada ya que no pudimos recorrerlo de manera organizada con el cansancio y todo.

Almorzamos unos fideos sentados en el piso, en lo que sería una adaptación del hanami japonés; en época de sakura se reúnen a contemplar los cerezos mientras comen y beben en el pasto, tipo pic-nic.

La siesta post-almuerzo sumado al jetlag tocaba la puerta… pero, aunque no habíamos visto ni un tercio de lo que tiene para ofrecer el Parque Ueno, no podíamos irnos sin la primer figurita del álbum de Maitena: la estatua de Saigo Takamori, el verdadero Último Samurái; en tu cara Tom Cruise.

Volvimos al departamento, pero las niñas habían hecho ya su siesta de camino, en el cochecito. Así que salimos a caminar por Ginza, y encontramos la segunda figura del álbum: el Teatro Kabuki-za. Emblemático de Tokyo y la cultura japonesa, reconstruido como la mayoría de los edificios de Japón, pero conservando su diseño e impronta.

Y ya que estábamos por Ginza, por qué no recorrer la avenida con las tiendas comerciales más top del mundo… aunque sólo fuese para mirar (el cambio no nos favorece, así que la mayoría de las cosas resultan caras). Más que cansados, caminamos a casa.

TOKYO / PALACIO IMPERIAL, SHIBUYA

31 de Marzo de 2018

Tokyo es muy grande, nos dijeron. Hagan un barrio por día y dense por hechos, nos recomendaron… y sin embargo esto del jet lag (hoy arrancamos 6:45am) nos dejaba con un recorrido ya terminado para las 13 o 14 horas, y obviamente eso nos catapultaba a otro lugar.

EL PALACIO Y CHIDORIGAFUCHI

Arrancamos con el Norte puesto hacia el Palacio Imperial de Tokyo, detrás de Tokyo Station.

Un hormiguero de gente había tomado la misma decisión, claro, ya era sábado, y los fines de semana la ciudad no se vacía, sino por el contrario. Algunas calles se cortan y varios policías controlan el tránsito vehicular y pedestre.

Si bien tiene unos jardines increíbles, optamos por dar la vuelta por afuera, ya que al Palacio solo se puede entrar con reserva previa (no la teníamos) y los jardines dentro de la muralla no son muy distintos a los que veríamos en otros lugares más adelante (según comentarios, claro, aún no lo sabemos).

Apoyando está decisión, la idea de pasar por Chidorigafuchi era tentadora. Un sector detrás del castillo en donde el canal pega una curva y permite apreciar los cerezos con algunos botes de alquiler en el lago.

Un paisaje increíble. Una postal (foto propia), que la cámara frontal es incapaz de retratar.

Terminamos de bordear el Palacio y desde Tokyo Station, fuimos en la Yamanote a Shibuya.

POR DONDE 2.5M PASAN

Antes de dar unas vueltas por el barrio, y con mucho hambre, paramos en uno de los tantos puestos que ofrecen sopas, noodles y ramen tradicional de Japón. Sólo dos palabras para definirlo: IM – PRESIONANTE

Bueno, bonito y barato; de ahora en adelante estos lugares serán destino de nuestros almuerzos.

Ahora sí, volviendo a la estación de Shibuya, es un mundo en sí misma. Actualmente en reparación, la hacía aún más difícil de transitar, debido a las 2,5 millones de personas que diariamente pasan por allí.

A la salida de la misma, uno de los íconos del lugar: Hachiko, una estatua de un perro Akita, en conmemoración a su fidelidad tras esperar día a día a su dueño que nunca volvió del tren (hay peli de Richard Gere al respecto… pochoclera).

Unos pasos más adelante, el cruce peatonal de 5 esquinas, ícono de Tokyo y llamativo por su naturaleza.

El barrio, de lo más simpático hasta ahora. Amén de los locales ruidosos y luminosos, se percibía un clima distinto. Nos sorprendió ver por primera vez a los de la excursión Mario Kart. Y una pasada por el Forever21 se volvió inevitable para el team chicas.

Con los pies hechos polvo, lo más osado del día fue volver en la Yamanote a casa; por primera vez un mundo de gente trababa las escaleras y tuvimos que dejar pasar un tren para poder subir con el cochecito y los bártulos.

FamilyMart (pequeños supermercados, hay uno en cada cuadra, tienen de todo menos cosas de bebé, así que a llevar en la valija fórmula, pañales y toallitas) de camino a casa para solucionar la cena, y otro día a los libros del recuerdo.

TOKYO / SENSO-JI, PARQUE SHIBA

01 de Abril de 2018

Felices pascuas! Las ilusiones de normalizar nuestro ritmo circadiano se desvanecieron a las 6am, momento en el que estábamos ya todos despiertos (culpa de las pequeñas, nosotros siempre podemos seguir).

TEMPLO SENSO-JI

Tras una larga caminata desde la estación de tren, llegamos a la zona del barrio Asakusa en donde está el templo budista Senso-Ji.

Si bien lo que visitamos hoy es una reconstrucción de posguerra, el Senso-Ji es el templo más antiguo de Tokyo, funcionando para la adoración de Kannon desde el año 645; si, leíste bien. Dos puertas protegidas por una especie de monstruos y un farol rojo enorme en el centro, anteceden al templo en cuestión.

Entre ellas, decenas de puestos comerciales, dentro de las cuales consumimos alguna que otra cosa…

Cangrejo y pulpo, una delicia.

En uno de los laterales, una lindísima pagoda (Maitena estaba muy asombrada).

Y en las afueras, nuestro almuerzo… por 1.000 yenes (US$ 10), nada mal!

Caminata de vuelta al tren, y a conocer la réplica cromática de París.

PARQUE SHIBA

La Tokyo Tower y el Templo Zojoji están dentro de lo que se conoce como Parque Shiba.

En la entrada, además de los sahumerios para sanar las partes doloridas del cuerpo (la gente se tira el humo a la cabeza, mayormente, si pudiéramos dejarles nuestras tarjetitas de psicólogos…), suele haber unos cacharros con agua para purificarse las manos (en éste lo usamos porque no había nadie).

Detrás del templo principal, la Tokyo Tower. Tiene un mirador, pero muy poca gente lo recomienda, así que pasamos de él.

Descansamos un poco los pies y las chicas corretearon entre las piedras. Chloé recién activó hoy, así que les dejamos un buen rato de esparcimiento.

Media vuelta, y al departamento. Como era domingo la avenida principal de Ginza estaba cerrada al tránsito. No tenía tanto movimiento como para que amerite el cierre, pero quizás fue el momento en el que pasamos nomás.

Teníamos intención de salir a dar una vuelta a la noche, para ver de una buena vez las luces de la ciudad… pero el colchón fue más fuerte.

TOKYO / TSUKIJI, HARAJUKU, SHINJUKU

03 de Abril de 2018

Nos quedaba un día más en Tokyo y la idea de visitar el Parque Hitachi, a hora y media de viaje con dos trenes mediante, se nos hacía muy cansadora. Más sabiendo que al día siguiente partíamos a Hiroshima, lo que ya significaba un buen trecho. Marcamos en el mapa lo pendiente y empezamos…

EL MERCADO DE TSUKIJI

A pocas cuadras de donde parábamos estaba el Fish Market.

Al parecer la cosa tiene como 3 aros de distribución:

– la primera es el puerto, donde traen la pesca y la venden directamente; a primera hora subastan los bichos más grandes (podés sacar número para presenciarlo). Si caes más tarde sólo te dejan pasar si vas sin cochecito, así que eso se los contará otro.

– en la segunda hay puestos que venden el pescado bien fresco, recién sacado; ahí tampoco pudimos pasar con cochecito (espacio de circulación mínimo, imaginen).

– la tercera es la única que les podemos compartir… un poco de todo: pescado fresco, congelado, restaurantes, verdulería, frutería, especias, boludeces, etc.

Acá también hay como dos dimensiones; la tradicional de la foto, y una especie de shopping más prolijo donde podés moverte más cómodamente, se vé todo limpio, etc.

Obviamente nos gustó más lo callejero que, aunque difícil para transitar, se sentía más genuino.

Lo llamativo? El precio no parecía taaaaanto más económico que otros lugares; raro, considerando que el traslado no era mayor a 300mts. Quizás el sushi un poco más económico, pero tampoco la pavada. Igual eran las 10am, no probamos nada.

De camino al tren, nos encontramos pasando nuevamente por el Teatro Kabuki-za; con algo más de luz, mejoramos la foto para el álbum de Maitu.

Y también visitamos al amigo Godzilla…

HARAJUKU, PARADA EQUIVOCADA

De ahí a Shinjuku! Pero… algo pasó. En medio del tren, y ya habiendo pasado la estación Shibuya, cuando el parlante anuncia la parada sólo alcanzamos a escuchar la parte final ‘juku’ y pensando que era la nuestra, bajamos.

Ya en plataforma, nos dimos cuenta del error, pero al ver tanta gente en la calle decidimos darle una oportunidad.

Por la calle Takeshita un mar de gente caminando para todos lados. Negocios colorinches y llamativos.

Empezamos a identificar ciertos patrones comerciales. Cada tanto algún que otro comercio con una fila de gente insólitamente larga para: té con pelotitas, crepes o hasta algodón de azúcar de tres colores. Imaginarán nuestras caras…

También cruzan por el barcito donde podés tomar un café acariciando animales, etc. Obvio, terrible fila también. Odiamos las filas. No, gracias…

Por suerte en los lugares que paraban las chicas no estaban ni los Decepticons.

Unos minutos en Shinjuku

Habiendo sorteado un buen rato en Harajuku, su prima hermana no nos iba a dejar mucho que hacer.

Ya acumulábamos cansancio, almuerzo encima (tocó McDonald’s, algo de ‘carne’ para variar, y cajita feliz), y bastante sol que nos venía pegando duro y parejo, por suerte (tokyo-madera).

Así que sólo una vueltita por otro extensísimo centro más y a casa.

Tuvimos intenciones de recorrer otro lugar, frente a la bahía de Tokyo, donde se ve el Rainbow Bridge y la Estatua de la Libertad, junto a otras cosas más, pero el JR Pass no lo cubría.

Hicimos double-check en el mapa y, efectivamente, no podíamos ir si no pagábamos más. Así que a casa nomás, a descansar y armar valijas, pues al día siguiente tocaba Shinkansen (tren de alta velocidad) a otra ciudad.

 

Agradecemos a Alejandro y Silvina de OjosMarronComun por contarnos su experiencia de viaje.