Hampton Court Palace – Oxford

Nos levantamos nuestro tercer día en Londres pero no para vivirlo, sino para abandonarlo por unos días. Luego del rápido check-out, en el departamento de Westminster, cargamos las maletas y nos fuimos a retirar el auto que ya habíamos reservado en Europcar.

Si bien la oficina estaba cerca y fue elegida estratégicamente por eso, la realidad es que tuvimos que esperar bastante tiempo para que nos entregaran el auto. Esto complicó el entretenimiento del más pequeño que me tuvo yendo y viniendo de una esquina a otra. El más grande, en cambio, se divirtió con los vasos del dispenser y los tickets que ofrecían en el lugar.

Había un poco de nervios por conducir a la inversa, ya habíamos tratado de entender el tráfico en los días que estuvimos caminando Londres. El auto era bastante grande, lo que lo hacía aún más tenso todo. El tamaño del vehículo se debía a que necesitábamos que entraran en el baúl, sin demasiados inconvenientes, el carro de niños, la maleta y el carrión. En el alquiler habíamos incluído también las correspondientes sillas para nenes.

Una vez terminados los trámites partimos hacia la ruta y los primeros quince minutos fueron de una sensación extraña. Los autos ingleses se manejan por la izquierda no sólo por su volante, sino porque los carriles están a la inversa de lo que uno está acostumbrado. Berchy fue el conductor designado, quien nos trasladó hacia Hampton Court Palace como primera parada y de manera exitosa.

El Hampton Court Palace es un palacio real que se encuentra a 20 kilómetros del centro de Londres. Se familiariza con la dinastía Tudor ya que se convirtió en la residencia preferida del Rey Enrique VIII. Actualmente el palacio está preparado para el turismo y cuenta con un amplio estacionamiento para aparcar el automóvil.

En su visita se pueden hallar personajes de época deambulando por los pasillos y se escuchan sonidos desde distintos parlantes, que ayudan a recrear el pasado. Realmente está bien mantenido, con una puesta escenográfica importante. Es divertido para los niños y posee un parque gigantesco en donde ellos pueden correr libremente.

Paseando por Hampton
Paseando por Hampton

Nosotros tuvimos que elegir entre este palacio y el Castillo de Windsor y optamos por Hampton Court Palace porque nos parecía que para los pequeños iba a ser más interesante la propuesta. Si bien no podemos comparar con el Castillo de Windsor (porque lo conoceremos en otro viaje), el Palacio Hampton es por demás recomendable para ir con chicos.

Sacamos las entradas correspondientes por Internet y con varias semanas de anticipación desde la página www.visitbritainshop.com. El valor ronda cerca de las 30 libras esterlinas para los adultos y 14 libras esterlinas para los niños mayores de 6 años.

El recinto es accesible para ir con el carro de niños aunque en algunos momentos, como por ejemplo las escaleras, preferimos dejarlo y subir con el bebé en brazos. Ofrece una habitación con distintos juegos para menores de cinco años.

La visita puede llevar casi el día el completo, nosotros decidimos estar ahí sólo dos horas. El horario de apertura es 10 de la mañana y su cierre entre las 16 y 18 horas de acuerdo el mes. Luego de conocer el palacio, accedimos a su hermoso parque, en donde pudimos almorzar unas viandas que habíamos preparado en el departamento antes de abandonar la capital inglesa.

Terminada la excursión, nos subimos al auto y encaramos un viaje de más o menos una hora y veinte minutos rumbo a Oxford. Joaco y Luigi se durmieron y se despertaron directamente cuando llegamos al alojamiento reservado.

El departamento lo habíamos elegido porque contaba con estacionamiento. Era pequeño pero bastante amigable. Dejamos las maletas y rápidamente nos fuimos a conocer Oxford ya que para esa altura, eran como las tres de la tarde.

Oxford
Oxford

Los puntos que habíamos destacado en nuestro mapa fueron la Biblioteca Bodleiana (que cuenta con un amplio horario, excepto los fines de semana); la Cámara Radcliffe (sólo pudimos observarla por fuera, ya que justo había un evento privado) la cual maneja horarios similares a la Biblioteca mencionada y se encuentra exactamente al frente de la misma. A pocos metros, Bridge of Sighs, puente característico de la ciudad y la Universidad Church of St. Mary the Virgin.

Es necesario perderse por las calles adoquinadas de Oxford para ir encontrándose con el espíritu universitario de la ciudad. Así lo hicimos.

Una vez finalizada nuestra caminata, decidimos cenar temprano ya que al día siguiente emprendíamos un nuevo viaje. Por ese motivo, cenamos cerca de las 19 horas en Pizza Hut, en donde nos sucedió algo gracioso. La camarera, cuando trajo la bebida para los niños y la cerveza para nosotros, volcó todo un porrón de cerveza encima mío. Automáticamente empezamos a reírnos y ella no sabía cómo pedirnos disculpas. Este simpático hecho significaba una muda de ropa menos para usar, pero cuando uno está de viaje y las cosas salen bien, nada puede perturbar la armonía…palabra tan preciada cuando viajamos con hijos.

En cuanto a nuestras maletas, nosotros tratamos de llevar la cantidad justa de ropa, de acuerdo a los días contamos una muda cada un día y medio (o dos) y ahí sacamos la cuenta de cuánta vestimenta llevar. A veces separamos las mudas en bolsas y, cuando estamos un día solo en un lugar, bajamos únicamente con el carry-on en el cual están los artículos de higiene, pañales, provisiones y las bolsas de mudas pertinente para cada uno de nosotros.

Al revés de la gente que prefiere que sobre antes que falte, nosotros preferimos que nos falte antes que nos sobre porque no hay nada que una tienda de ropa en el camino, no pueda solucionar.

Luego de cenar volvimos caminando al alojamiento porque ya era de noche, aunque temprano, pero en Inglaterra la gente parece desaparecer con la caída del sol.

Cuando llegamos decidimos no bañar a los chicos, el baño contaba solo con ducha por lo que ellos se saltearon el baño. Nos fuimos a dormir preparándonos para emprender un nuevo desafío al día siguiente.