Londres-Día 3

Saliendo de Cambridge cargamos las maletas (una de ellas lo único que ya tenía era solamente ropa sucia) y nos fuimos para Londres a vivir nuestro última noche del viaje por Inglaterra .

Hablando de equipaje, siempre llevamos unas bolsas al vacío que nos permiten hacer la ropa más compacta a la hora de guardarla en la valija; y que luego utilizamos para ir colocando la ropa sucia así no se mezcla con las prendas limpias. Se pueden comprar en cualquier lado y son bastantes útiles para los viajes en donde se hacen check-in y check-out permanentemente.

Bridge Tower
Bridge Tower

Esta vez escogimos la zona del Tower Bridge, en el centro de Londres para finalizar nuestro recorrido en esa hermosa ciudad (los primeros días habíamos estado en Westminster .

Reservamos el The Tower Hotel (The Guoman Hotels) que se encuentra a metros del famoso The Tower Bridge. La habitación era pequeña pero tenía una increíble y cautivante vista del puente y Del Río Támesis. Como tuvimos la suerte de tener un día y una noche despejada, pudimos apreciar semejante panorama.

Antes de llegar a la ciudad nos dirigimos a la oficina de Europcar para entregar el auto. Luego fuimos al hotel, dejamos las maletas (no era la hora para realizar el check-in aún) y aprovechamos para realizar la visita a la Torre de Londres.

Torre de Londres
Torre de Londres

El recinto ha sido un castillo medieval que supo convertirse en prisión sobre todo durante la dinastía Tudor. A su vez, fue escenario de torturas y decapitaciones como por ejemplo el histórico caso de Ana Bolena, asesinada por supuesto adulterio hacia el rey Enrique VIII.

En dicho lugar se encuentran las Joyas de La Corona. La entrada tiene un valor de 35 libras esterlinas. Realmente nos pareció muy caro y además las audio-guías no estaban incluidas con el precio. A nosotros no nos colmó las expectativas. 

Al finalizar, fuimos caminando hacia el Tower Bridge bajo un día de cielo azul increíble. Paseamos sin rumbo fijo, tomamos una merienda al lado del río y por la noche cenamos ligeramente algunos sándwich en la habitación del hotel.

Al otro día, siendo ya nuestras últimas horas de vacaciones fuimos a hacer lo que nos quedaba pendiente. Para eso dispusimos del último dinero que teníamos para trasladarnos en taxi, de otra manera no nos iba a alcanzar el tiempo para visitar los dos lugares que teníamos previsto.

El primer plan fue ir a almorzar a Camden Town. Nos habían recomendado mucho ir a conocer este barrio, famoso por sus mercados callejeros lleno de objetos extravagantes. También venden los tradicionales recuerdos que fuimos viendo en el transcurso de nuestro viaje. Nos pareció que en Camden tenían mejores precios.

Pub en Camden
Pub en Camden

Almorzamos en un típico pub de la zona y compramos algunos regalos para llevar. La verdad es que desde que viajamos con hijos son pocas las veces que llevamos presentes a nuestros familiares y amigos. Todo se trata de una cuestión de comodidad y tiempo. Y cuando vamos con chicos, el tiempo es oro.

Luego de allí, fuimos a Notting Hill a recorrer brevemente la zona. No nos deslumbró y de haberlo sabido no hubiéramos gastado ese dinero para ir.

Ya se terminaba nuestra etapa en Inglaterra. El vuelo salió de noche, en un viaje directo y sin escalas. Entre 13 a 14 horas estuvimos con los niños dentro del avión. Por suerte fue todo un éxito y durmieron bastante.

Cuando nos subimos al avión la gente que se sienta cerca nuestro por lo general no nos mira ni nos habla. Se nota que muchas personas padecen sentarse cerca de los bebés y los niños y ese es el temor de muchos padres a la hora de hacer un viaje… molestar al resto de los pasajeros.

Cuando aterrizamos (y como siempre hasta ahora se han portado bien porque duermen un montón), la gente ya relajada, nos empieza a sonreír. Sonrisas que van, sonrisas que vienen acompañadas de frases tales como “muy bien se portaron estos niños “, “ni se los ha sentido”, “qué bien saben viajar estas criaturitas”.

Muchos padres no se animan a viajar por este momento puntualmente: el avión. Se creen que la palabra bebé y avión son incompatibles, pero no es así. Hay que subir al avión con calma y confiando en nuestros pequeños; olvidarse un poco de la mirada ajena, saber que si el nene o la nena llora, no hay que estresarse ni sentir culpa. Nadie lo hace adrede. Todo pasa…es un bebé llorando, los bebés lloran pero también viajan en avión.

Desde mi primer vuelo viajando con hijos, armé una simpática frase en mi cabeza que iba a ser la respuesta ante una eventual queja de algún pasajero: “a usted le molesta el llanto de mi bebé y a mí me molesta ese señor roncando y yo no digo nada”. Respuesta irónica que por suerte nunca tuvimos que emplearla. Pero si la necesitan, se las presto!!!!!!

En el avión nos incomodan las azafatas cuando sirven la comida y queremos dormir, las personas que prenden la luz para leer cuando está todo apagado, los ronquidos ajenos, las pantallas encendidas de los vecinos, los que se paran para ir al baño muchas veces, etcétera, etcétera…y dentro de ese incordio puede haber tranquilamente un llanto de bebé. Hay que superar el miedo a volar con nuestros hijos y no dejar de vivir menuda experiencia.

En cuanto al viaje a Inglaterra ha sido una experiencia increíble. Once días que volveríamos sin dudas a vivirlos. Lo recomendamos fehacientemente para ir con niños. Es un país amigable, afable y súper cómodo para ir con chicos.

Londres – Día 2: Continuando con el recorrido

La ansiedad de Joaco hizo que fuera el primero en madrugar, se acercó a nuestro cuarto y se encargó de despertarnos a todos. Por suerte era temprano. Aprovechar el día es una cuestión clave cuando viajamos con hijos. Desayunamos en el apartamento y nos alistamos para iniciar nuestro tan planificado recorrido.

El segundo día Londres nos regaló un jornada agradable de sol. Un día más que no iba a hacer falta usar paraguas, ni pilotos ni cobertor de lluvia que venían con nosotros desde Buenos Aires. Igualmente el cobertor lo llevábamos siempre por si acaso.

El itinerario previsto comenzó por el Palacio de Buckingham. Habíamos sacado las entradas por Internet con mucha antelación y teníamos como horario de llegada las 10 de la mañana. La visita completa cuesta cerca de 22 libras esterlinas y los niños menores de 5 años no pagan (esto sucede generalmente en Inglaterra). Entre los meses de Julio y Septiembre se puede acceder a la Galería de la Reina, y nosotros tuvimos la posibilidad de conocerlo. También, día por medio, se hace el cambio de guardia, aunque eso no pudimos presenciarlo ya que no nos coincidía el día de la visita. Es importante saberlo organizar si tienen ganas de hacerlo.

Fuimos al Palacio caminando porque estaba bastante cerca de nuestro apartamento y el día era precioso. Cuando llegamos nos encontramos con una fila importante y una espera de aproximadamente treinta minutos para entrar. Quizás no sea mucho pero con los chicos resulta interminable. Creímos que al sacarlas antes por Internet nos evitaríamos las colas, sin embargo no fue así. En ese momento me acordé de mi mejor amiga, quien me había asegurado que valía la pena ir y cuando entramos al Palacio, realmente nos dimos cuenta que es así.

El recorrido interno por el Palacio es ameno. Cabe destacar que no se puede ingresar con el carro de niños, ellos te prestan una suerte de mochila que ayuda a llevar al bebé en brazos, aunque realmente no es demasiada cómoda. En el interior no se permite sacar fotografías. El recorrido termina en un hermoso y grande parque trasero (allí se puede fotografiar) en donde también hay un sector de juegos, disfraces y distintas formas de entretenimiento para los más pequeños. En el parque se pueden comprar helados en una bonita tienda de ice cream. Por supuesto que los niños no perdieron la oportunidad de tomar un helado.

Una vez que abandonamos el recinto, emprendimos la caminata hacia la catedral de Westminster en donde el ingreso es gratuito y su acceso es simple y rápido. Como los niños estaban dormidos aprovechamos y seguimos caminando hacia la Abadía de Westminster.

 

Cuando salimos de la Abadía los niños se despertaron y Joaco nos pidió su segundo juguete, esta vez fue un autobús rojo y luego de la compra decidimos ir a almorzar. Elegimos el McDonald’s que se encuentra frente al Palacio de Westminster, por lo que volvimos a ver el Big Ben y el ojo de Londres nuevamente.

Alimentarse en Londres es caro inclusive comiendo algo al paso o comprando para cocinar en el apartamento. Almorzamos hamburguesas y nuggets y dado que el día se puso cada vez más lindo, luego de almorzar, caminamos bordeando el Támesis del lado del Ojo de Londres. El río puede navegarse sobre distintas embarcaciones turísticas, algunas incluso ofrecen almuerzos o meriendas. Nosotros no tuvimos el agrado de hacerlo, básicamente porque nos iba a llevar mucho tiempo y preferíamos ir a conocer otros lugares andando a pie.

Caminamos por allí tanto nosotros como los niños y pudimos ver London City a lo lejos y contemplar la arquitectura moderna de la ciudad, realmente es una postal. Nos sentamos en unos bancos a descansar y sacarnos fotos. No estamos sacando fotografías todo el tiempo, primero priorizamos disfrutar el viaje… además los chicos no siempre están predispuestos a sacarse selfies. Cuando entendimos esto, las fotos pasaron a un segundo plano y eso nos permitió estar más relajados. A veces foto, viaje y pequeños puede ser una mezcla incompatible.

Entre una cosa y otra, calculamos caminar entre unos 9 a 13 kilómetros por día y quizás un poco más también. El día 2 tuvo como particularidad que no usamos ningún medio de transporte.

Finalmente regresamos para la zona donde nos hospedamos. Compramos provisiones para no tener que volver a salir de la casa y llegamos, nuevamente, al apartamento. Nos bañamos, los niños jugaron, descansamos, cocinamos, cenamos y, mientras los pequeños dormían, empacamos las maletas ya que al otro día nos iríamos de Londres aunque sólo por unos días.

El día 2 fue completo y perfecto. Pudimos hacer todo lo que habíamos previsto y más también. A veces, cuando viajamos con hijos, es bueno saber que no siempre se puede terminar el itinerario elegido. Saber eso ayuda a los nervios y a evitar el sabor amargo de no haber podido conocerlo todo. En este caso nos sucedió todo lo contrario, porque conocimos más de lo que habíamos proyectado, como por ejemplo la Catedral de Westminster.

Dejamos Londres felices y brindamos con unas cervezas mientras los niños estaban dormidos. No siempre sale todo tan redondo, cuando eso sucede no se puede dejar de brindar.

Londres – Día 1: Viajando por Inglaterra con chicos

Llegamos a Londres tarde en un vuelo de British Airways, con conexión a Madrid el cual se había demorado. Aterrizamos en suelo inglés a las 20 hs aproximadamente. Como ya era de noche nos tomamos un taxi. Una particularidad fue que no hizo falta plegar el carro de niños, directamente ingresamos al vehículo con él abierto y con el bebé dentro del carro. Así son la mayoría de los taxis londinenses lo que lo convierte en una comodidad absoluta para los padres que viajan con sus hijos, aunque no hay que desconocer que esa comodidad cuesta dinero ya que los taxis en esta hermosa ciudad son bastante onerosos.

Nuestros primeros días en la capital inglesa decidimos vivirlos en la zona de Westminster, por ubicación geoestratégica de acuerdo a nuestro itinerario. Llegamos alrededor de las 21:30 hs a un hermoso apartamento, contratado a través de Booking (ya hablaremos próximamente sobre esta página) y una vez instalados nos dimos cuenta que los negocios ya estaban cerrados y nosotros sin provisiones. Cuando viajamos con hijos y nos suceden estas cosas, se nos llena el mundo de preguntas. Por suerte pudimos solucionarlo rápidamente pidiendo un caro delivery de pizzas y aguas. A pesar del cansancio del viaje, muy contentos con el apartamento nos fuimos a dormir.

El primer día completo en Londres lo arrancamos bien temprano. Berchy fue a comprar el desayuno el cual disfrutamos observando, desde la ventana, la vida inglesa. Para nosotros estaba algo fresco, aunque las personas salían a trabajar en remera. Ante esa duda, vestí a los niños con remeras y campera para tener ambas opciones. Armamos una muda de ropa de ellos, cargamos las leches y pañales que habíamos llevado desde Buenos Aires, guardamos el cobertor de lluvia y con una mochila cada uno emprendimos el primer día.

 

En Londres los horarios de los lugares turísticos por lo general comienzan a las diez de la mañana (bastante tarde) y cierran cerca de los 17 hs. (muy temprano) por esto es recomendable armarse un buen plan de recorrida. Comenzamos caminando a las 9 am por la residencial zona de Westminster. Nos dirigimos hacia el infaltable Big Ben para sacarnos nuestras primeras fotos con el emblema londinense. Cabe aclarar que se encontraba lleno de andamios debido a que está en pleno proceso de restauración y ya nos habían comentado que era una obra que iba a durar unos cuatro años. Allí cruzamos, mediante el puente, el río Támesis hasta llegar al Ojo de Londres que, luego de analizarlo minuciosamente, decidimos no subirnos ya que nos iba a llevar mucho tiempo hacerlo y preferíamos hacer otras cosas.

 

De ahí encaramos a pie hacia la plaza Trafalgar Square para luego acceder, sin tener que hacer filas, a la National Gallery. Este hermoso museo es gratuito, abre a las 10 am y cierra cerca de las 18hs con excepción de los días Viernes que cierra más tarde, aproximadamente a las 21 hs.

Después de allí nos dirigimos caminando unos 500 metros para conocer el barrio Covent Garden, luego cambiamos dirección rumbo a Picadilly Circus, ya cerca del mediodía, en donde compramos el primer auto inglés con el que iban a jugar los niños. Generalmente, por una cuestión de practicidad, no llevamos muchos juguetes desde casa y algunos los vamos comprando durante el mismo viaje. De esta forma los chicos están contentos con sus juguetes nuevos y a nosotros nos sirve como recuerdos del lugar.

 

En Picadilly Circus decidimos darles de comer algo a los niños, aunque nosotros también necesitamos ingerir bocado. Comimos algo en un Starbucks y descansamos un poco las piernas. Recordemos que para ese viaje llevamos un solo carro de paseo para Luigi pero Joaco ya había aprendido cómo hacerse un lugar en él, así que los dos iban sentados en el mismo carro. Por supuesto que tanta caminata no iba a resistir con sus apenas 4 años, de hecho hasta a nosotros mismos nos costaba un poco el ritmo y las distancias de los recorridos.

Recobradas las energías encaramos para los barrios Carnaby (en donde apreciamos una banda que hacía tributo a Queen y aquello le daba más magia al recorrido), Soho y Oxford Street.

Y ahora sí nos dirigíamos al tan esperado Museo Británico…uno de los museos más importantes del mundo que yo, siendo profesora de Historia, ansiaba conocer. El museo es realmente increíble, tiene obras y antigüedades egipcias, orientales, romanas, griegas y europeas, entre otras. Su horario es de 10 a 17,30 hs, excepto los Viernes que, como la National Gallery, cierra sus puertas más tarde. También es gratuito. Nosotros estuvimos unas dos horas aproximadamente, pero es un lugar que amerita sacarse el reloj. En nuestro caso los niños se portaron bien pero ya estaban un poco cansados con tanto trajín. Las obras con las que uno se encuentra en ese museo es algo descomunal, realmente es fantástico y nadie debería irse de Londres sin conocerlo.

 

A la salida nos tomamos un típico autobús londinense. Viajar en el piso de arriba fue un paseo en sí mismo para Joaco, con Luigi nos quedamos abajo ya que pudo ingresar en su carro sin necesidad de ser plegado. Estábamos tan contentos con nuestra recorrida que bajamos en la parada de la Abadía de Westminster y fuimos nuevamente a sacarnos fotos y caminar cerca de la zona del Big Ben.

El clima nos acompañó todo el día, no llovió en ningún momento y pasado el mediodía, ya estábamos bastante más ligeros de ropa. El pronóstico en Londres es bastante especial y eso puedo o no condicionar nuestro viaje.

Ya cayendo la tarde decidimos regresar al apartamento pero antes fuimos a comprar las provisiones que no habíamos comprado desde nuestra llegada a la ciudad. Una vez en nuestro alojamiento, nos bañamos, cocinamos, descansamos, cenamos, y nos fuimos a dormir, expectantes de iniciar nuestro día 2.