Stonehenge-Winchester

La ansiedad nos ganó y nos hizo madrugar a todos. Desayunamos en la habitación del hotel gracias a los cafés de cortesía, las galletas que teníamos encima y la leche para los niños que nos acompañaba desde Buenos Aires. Una vez terminado, hicimos el check-out. Llegamos al parking caminando y llevando las maletas. Subimos al auto para dirigirnos al tan esperado Stonehenge, que se encuentra a una hora de Bath en automóvil.

Habíamos sacado las entradas por Internet a través de la página getyourguide con un costo de 17 libras esterlinas. No tuvimos que abonar por los niños porque su acceso era gratuito, sin embargo llevamos impresos sus tickets.

Antes de llegar a Stonehenge hay un amplio estacionamiento que se halla a unos 150 metros de la boletería, el restaurante, el shop y los baños. Una vez que se cambian las entradas se puede llegar al monumento de dos formas; caminando (opción que no elegimos) o en autobús, los cuales salen cada 10 minutos aproximadamente, en él se puede ingresar sin plegar el carro de niños.

Stonehenge significaba mucho para mí porque siempre lo he enseñado en el aula cuando explico la Prehistoria. Se trata de un conjunto de monumentos megalíticos que datan entre los 3000 a 2000 años a.C, y que yo tenía un particular entusiasmo por conocer.

Cuando llegamos al complejo, realmente nos invadió una emoción y una energía increíble. Estar en vivo y en directo con el pasado histórico eriza la piel. Se puede caminar muy cerca de las grandes piedras, mientras el audioguía instruye a los turistas.

Se levanta en medio de un espacio verde en donde se alzan estos dólmenes que pudieron tener una finalidad espiritual o fúnebre para los hombres prehistóricos. Es una zona bastante ventosa por lo se siente más el frío, por eso les recomendamos llevar abrigo. Por suerte a nosotros nos tocó un día agradable y cuando se despejaban las nubes y salía el sol, el viento no molestaba en lo más mínimo.

Estuvimos unos 60 minutos allí, contemplando el pasado, para luego regresar nuevamente en el autobús que disponen para los turistas.

Winchester
Winchester

Con un poco de hambre, almorzamos en el restaurante y ya con la gran misión cumplida, nos subimos al auto para dirigirnos a Winchester, que quedaba a unos 45 minutos de allí. Llegamos a dicha ciudad como teníamos previsto y buscamos un parking cerca de la calle principal, en donde dejamos el auto con las maletas adentro, ya que aún no era la hora para hacer el check-in.

Librados del equipaje, nos fuimos a caminar por la zona de la Catedral y la calle principal. Cerca de allí descubrimos un parque con juegos y nos quedamos más de una hora jugando con los niños. Nos dimos cuenta que nos gustaba mucho Winchester y los nenes estaban felices en esa plaza.

Tomamos helado, nos relajamos, fuimos a buscar el equipaje y entramos al apartamento. Era muy acogedor y súper cómodo para nosotros y como tenía una cocina muy bien equipada, salimos a comprar todo lo necesario para preparar la cena. De paso compramos unos cafés y nos fuimos a conocer las ruinas de Wolvesey Castle, aunque tuvimos que volver sobre nuestros pasos ya que Luigi había tirado su zapato, (desde su carro) que por suerte pudimos recuperar.

Cabe destacar que Starbucks fue un aliado tanto en Winchester como en todo el viaje por Inglaterra. Hay muchas tiendas de esa cadena y eso hacía que siempre encontráramos una sucursal en nuestro camino. Nos solucionaba meriendas, desayunos y hasta almuerzos. También fuimos fieles clientes del mercado Tesco para la compra de provisiones y, en alguna ocasión Café Nero nos salvó de algún antojo.

Volvimos al apart, nos bañamos y cocinamos mientras los niños jugaban en el living. Después hicimos uso de la tecnología. Siempre descargamos en las tablets y celulares, sus programas favoritos. Netflix permite descargar películas y series (es necesario tener una buena conexión durante la descarga) que pueden verse luego, sin necesidad de estar conectado. También descargamos entretenimiento directamente desde YouTube. Es muy importante para nosotros contar con una buena cantidad de entretenimiento infantil.

Joaco y Luigi cenaron y se durmieron temprano porque estaban agotados y habían dormido apenas una pequeña siesta en el auto. Nosotros nos relajamos aún más y brindamos con unas cervezas antes de cenar. Nos había gustado tanto Winchester que decidimos dedicarle un tiempo más en la mañana siguiente, y así fue.

Al otro día nos levantamos, desayunamos tranquilos y fuimos hacia The Great Hall. Se trata de un salón medieval que ha sabido ser epicentro real de la corte inglesa y que tiene colgada la tabla redonda del Rey Arturo, en una de las paredes de su interior. Entre otras cosas, cuenta con una sala de exposiciones que relata la historia de Winchester. Su horario es de 10 a 17 horas y se accede fácilmente con los niños. La verdad es que teníamos un poco más de expectativa para lo que realmente es. De todas formas, está muy bien hacerlo y es un paseo práctico para hacer con los pequeños.

Volvimos a caminar por la ciudad sin rumbo específico y, para finalizar nuestra estadía, regresamos al parque para que nuestros hijos vuelvan a jugar como la tarde anterior.

Acercándose la hora del almuerzo, nos sentamos en el parque a comer las viandas que habíamos preparado en el alojamiento. Tuvimos la oportunidad de hablar con lugareños y visitantes que, casualmente, uno de ellos había conocido Buenos Aires, nuestra querida ciudad.

Dejamos Winchester para irnos a Canterbury, en donde íbamos a estar dos días completos. 

Siempre influye cómo uno percibe, siente y disfruta de la estadía; también tiene mucho que ver cómo se dan las cosas, los imprevistos, los paseos, el clima, entre otros. Sobre todo cómo lo llevan los pequeños, cómo se adaptan al viaje y cómo logran hacer que el paseo se convierta en un momento de juego. La sensación que uno se lleva del lugar tiene relación directa con el estado de ánimo. Y Winchester nos había conquistado…