Roma: últimos días

Llegando a Roma

El viaje de Pisa hacia Roma fue el más largo de todos. Duró aproximadamente 4 horas ya que entre ambas ciudades hay una distancia de 348 kilómetros.

Llegamos a la capital italiana cerca del mediodía y fuimos directamente a entregar el auto alquilado en la oficina de rentas. Desde allí nos tomamos un taxi y nos dirigimos hacia el hotel que teníamos reservado.

Alojamiento

Fontana di Trevi - Roma
Fontana di Trevi – Roma

Esta vez nos alojamos en el Hotel Fontana, localizado exactamente frente a la famosa Fontana di Trevi. Lo más lindo de este hospedaje, además de su ubicación, era el pequeño desayunador con vistas a la Fontana. Momento mágico.

La Fontana di Trevi es un monumento escultural, de estilo barroco, en el que siempre hay muchas y muchas personas. Tiene una concurrencia altísima y en cualquier momento del día. Sólo desde la madrugada hasta el alba hay poca gente. Así pudimos verla cada mañana mientras desayunábamos.

Hay un famoso mito que dice que si arrojas una moneda a la fuente, vuelves a Roma. Nosotros tiramos miles, salvo las primeras dos, todas las demás fueron monedas argentinas. A Joaco le encantaba la hazaña, y estando tan cerca nos pedía jalar monedas cada dos por tres.

Últimos días en Roma: itinerario

Los últimos dos días en Roma nos dedicamos a hacer lo que habíamos dejado pendiente de forma adrede.

A 600 metros de nuestro hotel estaba el Panteón Romano, al que fuimos por supuesto, caminando. Este templo se lo conoce también con el nombre de Panteón de Agripa.

La entrada es gratuita pero se exige no entrar con prendas cortas ni con los hombros descubiertos. Recordemos que en muchos lugares religiosos de Italia sucede lo mismo. Pero por lo general, las iglesias suelen prestar túnicas para cubrirse y poder ingresar. De todas formas, recomendamos que tengan en cuenta cómo vestirse si quieren visitar un monumento religioso.

En la calle del Panteón hay muchos artistas callejeros que brindan un show aparte. Todo el contorno es digno de conocer.

A pocos minutos de allí se encuentra la Plaza Navona, de estilo barroco. En ella se hallan fuentes, esculturas y edificios que la hacen hechizante. Muy cerca se encuentra también el Museo de Roma pero hay que tener en cuenta que cierra los días Lunes.

Seguimos caminando hacia la Piazza Campo dei Fiori la cual se destaca por su mercadillo. Sin embargo, durante la noche se convierte en un polo gastronómico importante.

Nos acercamos hasta el Palacio Farnesio, que es la embajada de Francia. Está a la vuelta del Campo dei Fiori y es un imponente edificio del Siglo XVI.

Roma es una mezcla perfecta del pasado y presente. La modernidad convive con la antigüedad y eso se refleja en cualquier calle que uno puede transitar.

Es pequeña por lo que todo puede hacerse a pie. Nosotros pateamos toda la tarde y luego nos pegamos la vuelta hacia el hotel. Siempre lo hicimos con el cochecito de hermano, que si bien es gigante, nos resultaba cómodo para transportar a ambos niños juntos.

Nos aseamos, nos cambiamos y salimos a cenar. Caminamos también de noche por esta hermosa ciudad. En ningún momento tuvimos ni vimos ningún episodio de inseguridad. Realmente íbamos muy tranquilos y confiados paseando con nuestros hijos.

Ciudad Estado del Vaticano - Roma
Ciudad Estado del Vaticano – Roma

Al día siguiente coincidía que era Domingo. Por lo tanto teníamos destinada toda la mañana para ir a la Ciudad Estado del Vaticano.

Sólo quisimos ir a conocer la plaza San Pedro y a esperar el Ángelus del Papa Francisco (dejamos los museos vaticanos y la Basílica De San Pedro para otro viaje). Después de mucho indagar y asesorarnos llegamos a la conclusión que las colas, las escaleras y el tiempo, hacen que sea un paseo un tanto complejo para hacerlo con niños tan pequeños.

Así que con la decisión tomada nos fuimos hasta la plaza San Pedro. El Ángelus es una homilía de 20 minutos que culmina con una bendición general. El papa saluda desde el balcón en varios idiomas y la realiza todos los Domingos a las 12:00 del mediodía siempre que esté en Roma.

Justamente ese día no estaba!!! Después de esperar comenzamos a preguntar a la gente si sabían por qué no salía al balcón. Y así fue que nos enteramos que el Papa estaba visitando Bolonia, ciudad que habíamos conocido unos días antes.

Nos había salido bastante mal toda la planificación porque calculamos de forma adrede estar allí un Domingo pero no nos percatamos que el máximo Pontífice podía estar de viaje. Así que les recomendamos que apunten este consejo y chequeen la agenda del Papa.

Castillo y Puente de Sant'Angelo - Roma
Castillo y Puente de Sant’Angelo – Roma

Con cierta desilusión decidimos almorzar algo allí y nos fuimos caminando para el Castillo de Sant’ Angelo que se alza a orillas del Río Tíber.

Es un monumento romano cuya entrada tiene un valor de 14 euros. El primer Domingo de cada mes se puede ingresar gratuitamente. En su interior tiene partes en donde no es accesible para personas discapacitadas. Los Lunes está cerrado.

Allí le compramos el disfraz de gladiador a Joaco quien se lo puso en el mismo momento y paseó con el atuendo puesto toda la tarde.

La entrada también puede conseguirse a través del Roma Pass que es una tarjeta turística cuyo valor es de casi 40 euros y ofrece el ingreso a las excursiones que están asociadas con dicha tarjeta, diferentes descuentos y boleto para determinados medios de transportes. Tiene una validez de 72 horas y se consiguen en las atracciones turísticas ligadas a la tarjeta.

Después de mucho evaluarlo decidimos no adquirirlas porque uno nunca sabe cómo son y cómo pueden ser los tiempos cuando se viajan con dos niños tan pequeños.

Luego del Castillo, cruzamos el puente Sant’ Angelo que data del Siglo II d. C. y caminamos de regreso mientras recorríamos calles nuevas y rincones que no habíamos visto.

Por la noche salimos a cenar nuevamente para despedirnos de tan hermoso viaje. Al otro día nos esperaba nuestro vuelo hacia Buenos Aires.

El viaje había sido un éxito rotundo. Italia nos había tratado increíble y Roma nos había conquistado.

Sinceramente la habíamos pasado mucho mejor de lo que esperábamos.

Roma: primeros días.

El vuelo por Alitalia había estado genial y Roma nos recibió con un bello atardecer. En este viaje habíamos decidido que lo que más iba a prevalecer a la hora de elegir el alojamiento, sería la ubicación. Y así fue.

En dicho país hay apartamentos que se llaman Relais y que tienen la característica de ser cómodos, lindos y estar bien localizados. El primero que elegimos fue el Relais N*9 Colosseo, porque se encuentra exactamente frente al Coliseo. Desde la ventana de la habitación se ve parte de dicha construcción y eso realmente lo hizo encantador. El hotel no era lujoso pero era muy acogedor para nosotros. Y nada superaba aquella increíble vista que nos hizo vivir Roma a flor de piel.

Trastevere
Trastevere

Una vez realizado el check-in, desempacamos las maletas, nos bañamos todos y, ya habiéndose hecho de noche, nos fuimos caminando a cenar a la zona gastronómica de Trastevere. Hermoso lugar con calles empedradas, mesas para comer en las aceras y una interesante oferta de restaurantes y bares.

Por ser la primera noche, quisimos probar la típica pizza italiana (excepto Luigi que sólo comía papilla con sus apenas seis meses de edad). Comer en este país nos ha resultado muy fácil siempre. Tienen muy buena gastronomía y precios accesibles. En ningún momento el tema de la alimentación para los pequeños fue una preocupación.

Cuando volvíamos para la habitación se largó una copiosa lluvia que hizo que llegáramos bastante mojados al hotel (salvo los niños que estaban resguardados con el cobertor de lluvia en su carro).

Al otro día arrancamos temprano para la zona del Coliseo. Compramos un chip de telefonía prepaga que nos permitió poder usar Google Maps como mapas, aunque también pueden descargarse las rutas para usarlas luego sin conexión. Pero tener Internet en el celular nos facilitó un montón de cosas. Valió la pena realizar dicha compra.

Monte Palatino
Monte Palatino

Las entradas al Coliseo las sacamos previamente por la Web. El ticket completo incluye el ingreso al Foro Romano, al Monte Palatino y al Coliseo. Primero hicimos el Monte Palatino y el Foro Romano, y dejamos el Coliseo para la tarde así  nos evitamos el acumulamiento de gente y de filas.

Luego de esa recorrida seguimos caminando hacia el monumento a Víctor Manuel II y la Plaza Venecia y aprovechamos para conocer el Campidoglio.

Ya cerca del mediodía nos fuimos en taxi para la tranquila Villa Borghese, un poco alejado del centro de Roma. Se trata de un gran parque que tiene en su interior museos y edificios dignos de visitar. A su vez, hay allí un trencito turístico que te lleva a recorrer todo el lugar en donde hay también un bonito mirador de la ciudad. Yo lo hice con Joaco ya que a los niños les encanta este tipo de paseo. Berchy y Luigi se quedaron en el parque.

Además ingresamos a la Galería Borghese, que es un excelente museo de arte en el que puede encontrarse obras de artistas tales como Rafael, Caravaggio, Tiziano, Bernini, entre otros. Sacamos las entradas en el mismo momento y no tuvimos que hacer cola.

Villa Borghese
Villa Borghese

Después de estar varias horas en el parque decidimos dirigirnos hacia el Coliseo. Entramos sin necesidad de hacer una fila larga y tediosa (eran aproximadamente las 16 horas).

El Coliseo es el símbolo de Roma sin dudas. Aunque cuenta con ascensor, hay partes que son difíciles de acceder con el carro de niños, pero nada que sea imposible de recorrer. Allí le compramos a Joaco dos gladiadores romanos de Playmobil con los que juega hasta el día de hoy.

Al lado del Arena, se encuentra el Arco de Constantino. El imponente Coliseo es lo que podríamos decir un imperdible de esta gran metrópoli. Por suerte pudimos también conocerlo de noche e iluminado, gracias a que el hotel estaba justo enfrente. Si hubiéramos estado más lejos probablemente no lo hubiéramos visto bajo la luna.

Cuando llegamos a la habitación nos bañamos y salimos a comprar comida para traer al hotel. Después de un gran trajín, preferimos que los chicos descansen, coman tranquilos y se duerman temprano.

Al otro día emprendimos nuestro segundo día completo en Roma, para hacer lo que no habíamos hecho el día anterior.

Entre ellos fue la famosa Plaza de España, aunque sólo fuimos a conocerla porque subir los 135 peldaños que tiene, es algo casi imposible para hacer con un carro y dos niños dentro de él.

También fuimos a la Plaza de Pópolo, en donde hay un obelisco egipcio de 24 metros, además de encontrarse allí la Iglesia de Santa Maria de Pópolo que en su interior contiene importantes obras renacentistas.

Aprovechamos para visitar el mercado de Trajano que son ruinas de un antiguo centro comercial que data del Siglo II. El paseo es muy accesible para hacer con carros de niños ya que se pueden caminar mediante unas pasarelas que recorren el complejo.

También paseamos alrededor de la Isla Tiberina, que se encuentra en el río Tíber; el Arco de Tito, que se hallaba a tan sólo 300 metros de nuestro hotel; y caminamos sin rumbo fijo por las calles de Roma.

Al caer la tarde regresamos al alojamiento para asearnos, cenar y preparar las maletas porque al otro día abandonábamos la ciudad para iniciar el recorrido por el Centro-Norte de Italia.

Lo que nos quedaba pendiente lo dejamos agendado para nuestros últimos días del viaje.

La comida era rica y bastante parecida a la de nuestro país, salvo que aún no sabíamos dónde comprar leche maternizada (todavía no nos preocupaba demasiado porque teníamos las leches para Luigi y la chocolatada para Joaco que habíamos llevado desde Buenos Aires).  Además el clima era agradable.

Con esos dos días de experiencia ya habíamos llegado a una conclusión: Roma es una bella ciudad en la que se convive con el pasado permanentemente. Pasado y presente coexisten en la capital italiana. Los italianos eran amables y todos nos decían que era una locura viajar con hijos, a nosotros nos resultaba simpático ese tipo de comentarios.  Todo indicaba, que iba a ser un gran viaje…