Viajar en crucero con niños

Crucero con niños

Hola! Soy Dara Rubio: arquitecta, madre de familia y entusiasta viajera desde que tengo memoria. Vivo en Lima – Perú, y llevo el blog @uncuentovolando, álbum virtual donde escribo, reflexiono, y comparto lo que más me inspira.

El año pasado salimos de crucero por primera vez y la experiencia fue reveladora. Aquí se las cuento.

LA IDEA DE UN CRUCERO

Primero precisar que nunca se había presentado una oportunidad real -tampoco la había buscado- pues veía los cruceros como un tipo de viaje con una dinámica totalmente diferente a la usual y además muy lejana; Lima dista mucho de ser una ciudad portuaria altamente transitada como son, por ejemplo, Barcelona o Miami.  Me daba curiosidad, pero también sabía vagamente de qué se trataba y no era precisamente el tipo de viaje que me llamara la atención.

Me preparé mentalmente para la experiencia (bah – pensé-, no puede ser tan malo, finalmente es un paseo) y ya culminada me ha permitido desmenuzarla y trasladarla a un par de apuntes interesantes, como:

  • Se asocia mucho la idea de crucero con glamour y lujos, pero no es necesariamente así. De entrada, lo primero que debes saber es que hay dos variables que dependerán directamente de la compañía, modelo del barco y duración del viaje que tomes: instalaciones y comida. La calidad de éstas es proporcional a la duración del viaje. Si tienes esto claro creo que es más fácil enfrentarse a la dinámica de la que –necesariamente- serás parte los siguientes 3, 5,9 o 15 días.
  • Ir en crucero tiene –ahora lo sé- muchos beneficios, pero la verdad es que dependerán de que tan comprometido estés tu a tomarlos. Ahora veo que es un tipo de viaje que para sacarle real provecho requiere mucha atención y una actitud muy activa.

Dicho esto, hice una lista (amo las listas ;)) de las cosas buenas y los retos que se me presentaron al ser, en la práctica, una modalidad totalmente nueva y desconocida. Si nunca has ido de crucero y piensas que puede/no puede gustarte, tal vez esto te ayude:

COSAS BUENAS

Visitas varios sitios en un solo trayecto. Si. Digamos que es un buen medio para llegar a lugares que de otra manera serían muy difíciles de acceder o requerirían mayor planificación y dinero. En general hablamos de islas y fiordos: lugares donde sólo entran barcos o varios puntos cercanos con una gran masa de agua en común.

-Es una buena alternativa de paseo para familias –diría yo- de 5 o más miembros, sobre todo si hay mucha diferencia de edad entre ellos. En nuestro caso éramos 4 adultos, dos de ellos mayores (60+) y una niña pequeña. Esto porque la respuesta ante variables como clima/calor, cansancio, hambre y entretenimiento suelen ser muy diferentes, y el barco está preparado para todos los casos.

Llegas a hablar con tus acompañantes. En los barcos no hay internet, y si compras el servicio la señal suele ser muy, muy mala. La consecuencia directa es que, al estar en un espacio confinado (inmenso, pero confinado al fin) no queda de otra más que hablar con las personas con las que fuiste. Suena gracioso pero en estos tiempos de constante distracción tecnológica un espacio así es un regalo. Las sobremesas son larguísimas –no hay apuros-, las conversaciones más profundas. Es realmente un espacio para compartir.

👉EL PLUS: Dormir en el mismo cuarto con mi hermana después de 10 años fue como regresar en el tiempo (pero mejor, claro! 🌟).

-Es un espacio para pensar. Te obliga a hacer una pausa, resetear. El viaje se convierte en un estado de reflexión, pues estás, literalmente, en una burbuja metálica por unos días.

-El mar abierto. Sentirse en la mitad de la nada resultó ser una experiencia única y ciertamente la más especial.

LOS RETOS

Lo más difícil para mí tuvo que ver con el concepto “tiempo” y el hecho de que hay que estar muy pendiente del reloj en cada momento. Sin embargo encontré soluciones y aquí van:

-Seguir una estructura fija. Eso de ser un alma libre a la hora de viajar choca como un tren cuando tienes que seguir instrucciones y horarios 24/7. Así que si pensabas que un crucero era puro glamour y habría un hermoso moreno abanicándote con una hoja de palma mientras comías exquisiteces, pues no.  Cada cosa tiene su hora; las comidas son ilimitadas en el buffet, sí, pero a ciertas horas. Si te perdiste el momento por contemplar el cielo azul, solo habrá comida rápida y (¡lo siento!) bastante mala.

Que hacer:

Familiarizarse cuanto antes con la dinámica y los espacios del barco. Saber dónde están los restaurantes, los horarios que manejan y las opciones que ofrecen. Me hubiera servido mucho saber estos datos el primer día, cuando me perdí entre los interminables pasillos y con un hambre mortal tuve que esperar al siguiente turno.

[TIP: Lleva algo de comer y ropa para cambiarte en el equipaje de mano. Las maletas te las dejan en la puerta del cuarto pero pueden demorarse varias horas.]

-Conocer muy poco. Las paradas en cada puerto son relativamente cortas, con lo cual las visitas suelen ser muy superficiales. Esto sumado a que el barco llega a un entorno producido especialmente para el turista: tiendas de suvenires, restaurantes o bares al paso, personajes disfrazados para ganarse unas monedas, etc. La consecuencia de esto es que finalmente se “visitan” sitios que terminan no siendo reales y los precios suelen ser muy elevados.

Que hacer:

“Hacer la tarea”, que no es otra cosa que investigar previo al viaje. Saber de antemano cuales son los puntos a los que se quisiera ir en cada destino, cómo es el sistema de transporte y, cuánto cuesta trasladarse en cada lugar si fuera necesario. También sirve el ser extra eficiente y aprovechar al máximo el tiempo fuera del barco. Muchas veces implica levantarse muy temprano para poder desembarcar rápido y preparar un itinerario práctico en cada destino. Empacar ligero. Llevar dinero para eventualidades.

-Asumir que durante los días que dure la travesía perderás casi por completo lo que yo más valoro a la hora de viajar: la libertad de decidir. Claro que hay personas que consideran éste el ideal de vacaciones, sin embargo yo no estoy tan segura de que un crucero garantice descanso y otras virtudes sin tener un grado de compromiso que puede resultar siendo, paradójicamente, agotador.

Que hacer:

Relajarse. Saber ceder. Tomar lo bueno.

El sistema de un crucero está diseñado para un turismo rápido y una alta rotación de gente, con lo cual lo más sabio es, antes de partir, hacerse la idea de que convivirás con muchísimas personas, harás largas colas y te perderás en el barco, pero que también tendrás momentos muy bonitos en familia. Finalmente, es una experiencia más, y esas son siempre bienvenidas!

Ahora, en el caso concreto de MI crucero:

Punto de partida: MIAMI / Duración: 3 días

Primera parada: KEY WEST

Tiempo de visita: 5 horas.

Llegando a las 7 am al puerto no tuvimos de otra más que “madrugar” (entre comillas porque yo por mi hija “madrugo” todos los días, pero coordinar con más personas a veces es un poco difícil).

Caminamos con mucho calor por la avenida principal hasta llegar al “Southernmost Point”, tratamos de tomarnos una foto (muchísima gente), y lo siguiente fue entrar a un restaurante a tomar algo e inmediatamente pisar la playa y meternos al mar (es aquí donde los intereses de cada persona varían, algunos prefieren ir de compras, otros tomar una cerveza… si hay sol, calor y playa, yo no lo pienso más).

Estuvimos un rato y luego regresar caminando por donde vinimos (para no perdernos), un poco apuradas por la hora, hasta embarcar nuevamente.

Key West es una ciudad muy bonita y pintoresca, tiene una arquitectura muy sencilla pero también algunos palacetes que me hicieron recordar mucho a La Habana y, a pesar de ser relativamente reciente, tiene mucha historia. Valdría la pena entrar a algunas de las casas emblemáticas y museos, disfrutar los bares y la loca y bohemia vida nocturna. Ahora, estoy segura de que la playa a la que fuimos es la más fea de Key West, pero no dio tiempo para más. ¡Volveremos Hemingway!

Segunda parada: COZUMEL

Tiempo de visita: 8 horas.

Llegar al medio día a este puerto nos dio tiempo para organizarnos un poco mejor, sin embargo yo estaba tensa porque a pesar de haber investigado no sabía bien cómo proceder.  El puerto está diseñado para que el turista desembarque y tenga una “experiencia mexicana” en pocos metros cuadrados: tiendas, bares, tequila, shows callejeros… hasta el mismísimo Quetzalcoatl te ofrecía foto por billetes. Claramente no era lo que tenía en mente (hui lo más rápido que pude), así que lo que hice fue acercarme al módulo de información al turista y explicarle mi caso a la amable señorita para que me recomiende algún lugar para estar tranquila con mi hermana y mi hija de 2 años.

Los taxis están todos registrados y los precios (bastante altos) regulados de acuerdo al destino, entonces no fue difícil encontrar uno que nos lleve a un restaurante en la playa para pasar las horas. Confieso que el hecho de hablar el idioma y venir de un país en el que todo se negocia (y donde hay que tener siempre cuidado, lamentablemente) me dio confianza para esta pequeña “excursión”. Además, la ayuda de mi hermana en temas logísticos con mi hija fue fundamental. Probablemente si estos dos aspectos hubieran sido distintos hubiera paseado un poco por el puerto y luego regresado al barco sin profundizar en la experiencia.

Cozumel es una isla del caribe mexicano famosísima por ser uno de los mejores destinos para practicar snorkel y admirar la naturaleza en estado puro. Lo increíble (y doloroso en cierta forma) es cómo una de las caras de la isla (a donde llega el barco, evidentemente) se ha diseñado y acomodado para absorber al turista, dejándole poca o nula opción de salirse del circuito. La costa es maravillosa pero está atiborrada de restaurantes con música, chiringuitos, sombrillas, lanchas, jet-skies, juegos de agua y personajes que intentan vendértelo todo.  Bastante agobiante. Hay playas lindas al otro lado también, pero las carreteras son malas e inhóspitas y por ende, mucho menos transitadas y probables para un turista de crucero.

DIA EN ALTAMAR

 El tercer día transcurrió en altamar y la verdad que fue un alivio para mí, ya que no había que pensar en horas de salida y regreso. Fue aquí que sencillamente disfrutamos de estar juntos y compartir.

Viajar en crucero ha sido, de todas formas, interesante. ¿Lo volvería a hacer? Depende.

Así que si después de leer todo esto todavía tienes dudas, creo que la pregunta sobre la mesa es:

¿Cuál es el objetivo del viaje? Ahí sabrás la respuesta.

Gracias chicos de @viajandoconhijos por el espacio para compartir esta experiencia, espero sea útil para otras familias. ¡Nos vemos en @uncuentovolando!

 

Agradecemos a Dara Rubio de “Un cuento volando”por contarnos su experiencia de viajar en crucero con niños.

3 thoughts on “Viajar en crucero con niños

  1. Sandra says:

    “Un cuento volando” es un blog extraordinario! Te atrapa en los viajes que describe y te provoca armar tu maleta en el acto! Nunca se me hubiera ocurrido ir a un Crucero con mi hijo, ahora es una puerta abierta. Me encantan las listas de Dara 🙂 y de este post me quedo con una de las cosas buenas: “llegas a hablar con tu acompañante”! Sin celular ni señal, qué reto para muchos. Me encantaría ver a mi esposo así 🙂 jeje

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